Travesía a la Baja: Mil kilómetros, la Perla del Pacífico y un ferry — Crónica de 2 Italianas y 1 Italiana chinita Parte 1

Les soy sincero: no esperaba volver a la Baja en tan poco tiempo.
 

Hace apenas un año concretaba un proyecto que venía incubando desde 2018. En aquel primer viaje a bordo de una G 310 GS, recorrí 5,600 km y cumplí una meta personal: que una marca me confiara una moto para viajar sin límite de kilometraje. Con los años llegaron más rutas; tras la pandemia, recorrí 8,600 km sobre una Moto Guzzi V7 Stone 850 Centenario, desde Chiapas hasta Tijuana por toda la carretera 200, atravesando la costa hasta Nayarit y subiendo por Mazatlán para recorrer la Baja por segunda vez.

Una de tantas
Una de tantas

Con toda esa experiencia a cuestas, hace un año logré una travesía de 10,600 km en una Benelli TRK, cruzando la Baja de sur a norte para después viajar de Tijuana a Mérida y finalmente volver a casa.

Este año mis planes eran distintos, pero a veces las condiciones cambian. Quienes me conocen saben que siempre busco la forma de estar en la ruta; cuando una puerta se cierra, se abre una ventana.

Hoy quiero contarte cómo me fue en este viaje. Si bien surgió de forma inesperada, no tiene nada de improvisado, pues lo respaldan miles de kilómetros recorridos. Regresar a estos paisajes después de 360 días resultó ser una experiencia única a la que hoy quiero invitarte.

A inicios de año, un buen amigo que sigue mis viajes me preguntó sobre recorrer la Baja.

Intenté explicarle todos los pormenores: desde el tipo de ruta y los lugares imperdibles, hasta los detalles logísticos de cruzar la moto en el ferry. En ese momento, todo quedó en una simple plática.

Pasaron los meses; algunos proyectos que tenía en mente no prosperaron y ya estaba planeando mis vacaciones cuando, de pronto, recibí un mensaje: “Tenemos que hacer la Baja”.

El texto llegó justo a tiempo. El factor decisivo para lanzarnos sería conseguir los boletos para el barco.

Sin perder un segundo, me puse a trazar la ruta, contactar a los amigos que veríamos en el camino y coordinar el regreso; en fin, a preparar todo lo necesario para volver a la carretera.

Km Iniciales, ya extrañaba tomar estas fotos
Km Iniciales, ya extrañaba tomar estas fotos

Día 1: Toluca, Edomex – Mazatlán, Sin. (1,035 km)
Logré conseguir los boletos para el ferry. Aunque reservé un par de cabinas para mis amigos, a mí me tocaría viajar en butaca; no es la primera vez que lo hago y lo importante es que ellos descansen, pues el tramo que les espera es exigente.

Primer encuentro
Primer encuentro

La logística de encuentro estaba lista: vería a la Ducati Desert X a 15 km y a la Aprilia Tuareg 660 saliendo de Atlacomulco. A pesar de haber preparado las maletas con tiempo, el reloj me ganó y no pude salir a la hora prevista. A estas alturas, es algo que no me agobia; aunque respeto los itinerarios, sé que el tiempo perdido se recupera en el asfalto.

Segundo encuentro
Segundo encuentro

Sobre mis compañeros de ruta: el piloto de la Ducati tiene una técnica depurada y precisa; maneja con tranquilidad, pero mantiene un excelente ritmo y sabe acelerar cuando es necesario. Por otro lado, el piloto de la Aprilia tiene un estilo más agresivo; es de los que llevan la moto al límite siguiendo un paso constante. Ambos son motociclistas con una gran técnica.

Yo voy en mi confiable “italiana-chinita”, como la apodamos en el viaje: la Benelli TRK 502. Este año cerrará con más de 18,000 km, una gran diferencia frente a los 1,060 km con los que inició hace un año. Conocerla a fondo me da seguridad; no me preocupa retrasar al grupo, pues sé que por momentos podré despegarme y en otros la llevaré a su límite para mantenerles el paso.

2 Italianas y 1 Italiana chinita
2 Italianas y 1 Italiana chinita
Como he contado antes, viajes de este nivel no surgen de la noche a la mañana. Mi primer trayecto de 1,000 km en una GN 125H tomó cuatro días; después, en esa misma moto, recorrí otros 2,500 km en el mismo lapso. Los kilómetros se acumulan y, para mis compañeros y para mí, rodar rutas largas durante varios días ya era terreno conocido; este tramo, en teoría, no debía representar mayor problema.

Salimos a las 07:15 con rumbo a Maravatío para encontrarnos con la Tuareg 660 una hora después. Debido a mi retraso, su piloto ya nos esperaba desde hacía rato. El camino estaba tranquilo, incluso aburrido por momentos; el trayecto de Toluca a Atlacomulco se vuelve pesado por el tráfico de carga y sus escasos dos carriles. Por lo que cuesta el peaje, mínimo debería tener un tercero.

Tras un saludo rápido de “qué bueno que llegaste, vámonos”, nuestra siguiente parada fue a los 132 km, a la entrada de Maravatío. Almorzamos en La Troje, inaugurando un ritual que repetiríamos durante nueve días: desayunar, comer y cenar juntos. En ese momento no lo teníamos tan presente, pero nos faltaban más de 890 km. Terminamos de comer rápido —fuimos de los primeros en llegar— y a las 09:38 comenzó formalmente esta jornada de sol a sol.

Por alguna razón, el camino se me hizo rápido; sentía que iba sobre una Multistrada 1260 Enduro. Seguramente era la confianza de conocer los paisajes de sobra. Disfrutábamos el viaje, aunque sabíamos que debíamos llegar a Mazatlán a como diera lugar. El tema de la inseguridad nos preocupaba; íbamos con miedo, conscientes de que cualquier cosa podía pasar.

A las 13:16, el esfuerzo por seguir el paso de mis amigos me pasó factura, o mejor dicho, se la pasó al rendimiento de la TRK 502. Intentaba mantener un ritmo de 8,500 rpm a una velocidad constante de 160 km/h, lo que desplomó mi consumo a casi 15 km por litro. Tomamos el libramiento de Guadalajara hacia Chapala, que conecta casi directamente con Tequila. Recordaba una gasolinera en ese tramo, pero no apareció. Bajé la velocidad y busqué en el Carpuride: había que salir del libramiento. Ni hablar, el buen ritmo se interrumpió, pero era eso o quedarnos tirados y perder más de dos horas esperando a que alguien fuera por un bidón. Sin pensarlo, busqué la estación que marcaba el GPS.

Debí de cargar gasolina antes
Debí de cargar gasolina antes
Si crees que tienes mucha experiencia rodando, es porque en realidad no sabes nada. A partir de ahí, decidí cargar cada 200 km. Sé que la TRK rinde más de 300 km, pero no quería que el afán de ir rápido terminara retrasándonos por falta de combustible. Al final, el paso de la moto no resultó tan veloz, al menos no sin sacrificar autonomía.

El tramo de Tepic a Mazatlán fue consistente. Paramos una vez al baño y otra por gasolina; aquí la experiencia sí valió, pues una sola carga bastó para llegar sin contratiempos. El clima fue benévolo: hacía calor, pero un viento fresco lo hacía llevadero. A pesar de haber perdido casi tres horas entre la salida tarde, la búsqueda de gasolina y las comidas, llegamos a Mazatlán con luz de día. Saber que estábamos en otra zona horaria nos dio ánimos.
 
No entenderían la vibra
No entenderían la vibra
Mazatlán luce diferente. Lo conocí en 2009, cuando en Villa Unión un carro con altavoz anunciaba noticias crudas sobre la violencia de la época. Desde entonces sabía que eran terrenos delicados, pero la sensación no era como la de ahora. Antes, si mantenías un perfil bajo y no te metías en problemas, no pasaba a más. Hoy el aire se siente pesado: hay negocios abandonados en pleno malecón y otros incendiados. Se ha opacado el brillo de la Perla del Pacífico; la banda sinaloense ya no suena igual. Hay turismo, sí, pero no se disfruta; se ha perdido la paz y la alegría de estar en uno de los malecones más bellos de nuestro país.

Algo se llevaron de ti
Algo se llevaron de ti
Día 2: 34 km sobre la moto y 453 km en barco.
De los viajes que he hecho a la Baja, llegar a Mazatlán (ya sea por Durango o Tepic) es de los trayectos más directos —a menos que vueles y mandes las motos por paquetería—. Sin embargo, es una ruta que impone: te obliga a rodar 1,000 km el primer día para que el segundo estés fresco y solo tengas que preocuparte por el ferry.
Y ahora para dónde?
Y ahora para dónde?
Para el embarque, te recomiendo no llevar todo el equipo puesto; usa solo casco y guantes, y guarda lo demás. Lo ideal es subir con ropa cómoda y una chamarra. Asegura tu casco con un candado o cadena a la moto, o haz espacio en el top case para guardarlo. Prácticamente solo debes subir al ferry con tus objetos de valor, aunque si te toca uno de los barcos nuevos, encontrarás casilleros que funcionan con monedas de 5 pesos donde puedes guardarlos sin problema.

Suben dos italianas y una italiana chinita
Suben dos italianas y una italiana chinita
Estos barcos nuevos cuentan con cápsulas y, créeme, son mucho mejores que las butacas. Puedes descansar mejor y tienes privacidad; lo ideal sería un camarote, pero hay que reservar con mucha antelación, especialmente en temporada alta como Semana Santa.

600 pesos tu capsula
600 pesos tu capsula
Nuestro día fue tranquilo: fuimos al súper, desayunamos y después cargamos las motos y ajustamos el equipaje para estar a tiempo en la fila. Pasamos la revisión militar y, a diferencia del año pasado, ya no fue necesario cambiar la reservación físicamente; nos llegó un código QR al correo que agilizó todo el proceso y nos permitió subir rápido.

Al abordar no hay un orden estricto. Los espacios para motos están definidos, pero suben conforme se junta un grupo significativo mientras acomodan las cargas grandes. Te asignan un pasillo y listo. Eso sí, procura llevar al menos dos eslingas de matraca (si son cuatro, mejor), aunque con dos es suficiente para asegurar la moto.

Becerrita / Vacota
Becerrita / Vacota
La ventaja del ferry nuevo es que el viaje fue “rápido”. Comparado con el año pasado, que tardamos casi dos horas más, esta vez a las 07:49 ya estábamos en tierra firme.
Viviendo el sueño
Viviendo el sueño
Nada como ver el atardecer desde el altamar
Nada como ver el atardecer desde el altamar
Señor Andrews ¿Alcanzarán los botes?
Señor Andrews ¿Alcanzarán los botes?
Eso fue rápido
Eso fue rápido
Estamos en la Paz BCS
Estamos en la Paz BCS
Amigos, agradezco que hayan llegado hasta aquí. Tenía tiempo sin escribir, así que les pido una disculpa por la ausencia; para remediarlo, esperen pronto las siguientes entradas. Si tienen dudas sobre el ferry o cualquier otro detalle, por favor déjenlo en los comentarios.

Caminante, no hay camino: se hace camino al andar.
Caminante, no hay camino: se hace camino al andar.

Nos vemos en el camino.


One thought on “Travesía a la Baja: Mil kilómetros, la Perla del Pacífico y un ferry — Crónica de 2 Italianas y 1 Italiana chinita Parte 1

  1. Que nostalgia leer esto en este formato
    Leerlo una y otra vez inspiraba a replicar estás odiseas. A veces o casi siempre de personas que ni conocías. Pero que soñabas que eras ellos y decías — algun día yo también lo haré —
    En hora buena por sus viajes y espero verlos en el camino

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